¿El Sol es amarillo? Mentira. ¡Nos han engañado toda la vida!
¿El Sol es amarillo? Mentira. ¡Nos han engañado toda la vida!
Desde chiquitos, en el colegio, nos enseñaron a dibujar el Sol como una bolita amarilla en la esquina de la hoja. Amarillo chillón, con rayitas como espinas. Así crecimos, creyendo que esa era la verdadera cara de nuestra estrella. Pero… te tengo una bomba: el Sol no es amarillo. El Sol es blanco. Completamente blanco.
¿Cómo puede ser eso posible si todos lo vemos amarillo? La respuesta está en nuestros ojos… y en la atmósfera terrestre.
La luz del Sol, en realidad, está compuesta por todos los colores del espectro (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta). Cuando se combinan, forman la luz blanca. Es como cuando pasas un rayo de luz por un prisma y salen todos los colores. Entonces, el Sol emite luz blanca porque es una estrella de tipo G2, con una temperatura de superficie de unos 5,500 grados Celsius. Esa temperatura da como resultado una luz blanca brillante.
Pero aquí en la Tierra, la atmósfera distorsiona esa luz. Durante el día, la atmósfera dispersa los colores de onda corta (como el azul y el violeta) y eso hace que el cielo se vea azul… y que el Sol, por contraste, parezca amarillo. En los amaneceres y atardeceres, la luz atraviesa más atmósfera, se dispersan más colores y por eso el Sol se ve naranja o rojo. Pero si lo ves desde el espacio, es un brillante punto blanco en medio de la oscuridad.
O sea, los astronautas ya sabían lo que nadie nos contó: que todo este tiempo nos vendieron un Sol falso. Así que ya puedes corregir a quien dibuje uno amarillo. No es grosería, es ciencia.
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